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Por arkaiko


CHARLE BAUDELAIRE     SI ALGUIEN ESTA INTERESADO EN CONSEGUIR ESTE LIBRO, EN VERSION DIGITAL, DIRIJIRSE A  :  snake@ono.com  , y alli, te diran como conseguirlo, o te pondran en contacto con las paginas pertinentes, asi este libro, como otros de BAUDELAIRE, o contemporaneos suyos...

 

 

  LAS

FLORES
DEL

MAL

 

 

POESÍA

 

 

PIEZAS CONDENADAS 

PIEZAS CONDENADAS 

 

 

 

 


PROLOGO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo."
(Pablo Neruda: Veinte poemas, VIII)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SUERTE DE ÁNGEL, a la vez luminoso y tétrico, amoroso y rebelde, desesperado y ardoroso, Charles Baudelaire tuvo en su mundo y en el mundo actual de la poesía un lugar preponderante. Llegó, lo ocupó y perdura inmortal. Su labor poética fue completada por la prosa, la crítica y la revelación en Francia de un precursor: su endemoniado y trágico, Edgar Poe. Además su propia existencia fue una simbiosis sólo comparable con las de sus próximos Rimbaud y Verlaine. En este volumen presentamos, sin la alteración que hubiera impuesto un presuntuoso, irreverente y hasta diríamos agraviante prurito versificador, casi en su totalidad, la que es su perdurable labor poética. Como en anteriores circunstancias con Whitman, Rilke y Rimbaud, vertimos ahora al castellano corriente sus divinas palabras, expresión de
la esencia poética suya. Lo otro, consecuencia de una obligada y servil adaptación a la métrica, la rima y otras zarandajas del menester poético, además de adocenado, habría resultado un agravio para nuestro poeta incomparable e inimitable, a la vez que desleal actitud ante el lector. Se le brinda aquí, pues, el verbo mas nunca la música sublime de Charles Baudelaire. Es, diríamos, sólo la trama sobre la que urdió sus sinfonías perdurables.


POESIAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL POETA IMPECABLE

 

 

 

 

Al perfecto mago de las letras francesas

 

 

A mi muy querido y muy venerado

 

 

maestro y amigo

 

 

 

 

 

THEOPHILE GAUTIER

 

 

 

 

 

Con los sentimientos
de la más profunda humildad

 

 

Yo dedico
Estas flores malsanas.

 

 

 

 

 

Ch. B.

 

 


AL LECTOR

 

 

 

 

 

La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria.

 

 

 

 

 

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;

 

 

Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

 

 

 

 

 

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto
Que mece largamente nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Está todo vaporizado por este sabio químico.

 

 

 

 

 

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;
Cada día hacia el Infierno descendemos un paso,
Sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

 

 

 

 

 

Cual un libertino pobre que besa y muerde
el seno martirizado de una vieja ramera,
Robamos, al pasar, un placer clandestino
Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

 

 

 

 

 

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
Desciende, río invisible, con sordas quejas.

 

 

 

 

 

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
Todavía no han bordado con sus placenteros diseños
El canevás banal de nuestros tristes destinos,
Es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

 

 

 

 

 

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

 

 

 

 

 

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!

 

 

Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,

 

 

Haría complacido de la tierra un despojo

 

 

Y en un bostezo tragaríase el mundo:

 

 

 

 

 

¡Es el Tedio! — los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
—Hipócrita lector, —mi semejante, —¡mi hermano!

 

 

 

 

 

1855.

 

 


SPLEEN E IDEAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

Bendición

 

 

 

 

 

Cuando, por un decreto de las potencias supremas,
El Poeta aparece en este mundo hastiado,
Su madre espantada y llena de blasfemias
Crispa sus puños hacia Dios, que de ella se apiada:

 

 

 

 

 

—"¡Ah! ¡no haber parido todo un nudo de víboras,
Antes que amamantar esta irrisión!
¡Maldita sea la noche de placeres efímeros
En que mi vientre concibió mi expiación!

 

 

 

 

 

Puesto que tú me has escogido entre todas las mujeres

 

 

Para ser el asco de mi triste marido,

 

 

Y como yo no puedo arrojar a las llamas,

 

 

Como una esquela de amor, este monstruo esmirriado,

 

 

 

 

 

¡Yo haré rebotar tu odio que me agobia
Sobre el instrumento maldito de tus perversidades,
Y he de retorcer tan bien este árbol miserable,
Que no podrán retoñar sus brotes apestados!"

 

 

 

 

 

Ella vuelve a tragar la espuma de su odio,
Y, no comprendiendo los designios eternos,

 

 

Ella misma prepara en el fondo de la Gehena
Las hogueras consagradas a los crímenes maternos.

 

 

 

 

 

Sin embargo, bajo la tutela invisible de un Ángel,
El Niño desheredado se embriaga de sol,
Y en todo cuanto bebe y en todo cuanto come,
Encuentra la ambrosía y el néctar bermejo.

 

 

 

 

 

El juega con el viento, conversa con la nube,
Y se embriaga cantando el camino de la cruz;
Y el Espíritu que le sigue en su peregrinaje
Llora al verle alegre cual pájaro de los bosques.

 

 

 

 

 

Todos aquellos que él quiere lo observan con temor,
O bien, enardeciéndose con su tranquilidad,
Buscan al que sabrá arrancarle una queja,
Y hacen sobre El el ensayo de su ferocidad.

 

 

 

 

 

En el pan y el vino destinados a su boca

 

 

Mezclan la ceniza con los impuros escupitajos;

 

 

Con hipocresía arrojan lo que él toca,

 

 

Y se acusan de haber puesto sus pies sobre sus pasos.

 

 

 

 

 

Su mujer va clamando en las plazas públicas:

 

 

"Puesto que él me encuentra bastante bella para adorarme,

 

 

Yo desempeñaré el cometido de los ídolos antiguos,

 

 

Y como ellos yo quiero hacerme redorar;

 

 

 

 

 

¡Y me embriagaré de nardo, de incienso, de mirra,
De genuflexiones, de viandas y de vinos,
Para saber si yo puedo de un corazón que me admira
Usurpar riendo los homenajes divinos!

 

 

 

 

 

Y, cuando me hastíe de estas farsas impías,
Posaré sobre él mi frágil y fuerte mano;
Y mis uñas, parecidas a garras de arpías,
Sabrán hasta su corazón abrirse un camino.

 

 

 

 

 

Como un pájaro muy joven que tiembla y que palpita,

 

 

Yo arrancaré ese corazón enrojecido de su seno,

 

 

Y, para saciar mi bestia favorita,

 

 

Yo se lo arrojaré al suelo con desdén!"

 

 

 

 

 

Hacia el Cielo, donde su mirada alcanza un trono espléndido,
El Poeta sereno eleva sus brazos piadosos,
Y los amplios destellos de su espíritu lúcido
Le ocultan el aspecto de los pueblos furiosos:

 

 

 

 

 

—"Bendito seas, mi Dios, que dais el sufrimiento

 

 

Como divino remedio a nuestras impurezas

 

 

Y cual la mejor y la más pura esencia

 

 

Que prepara los fuertes para las santas voluptuosidades!

 

 

 

 

 

Yo sé que reservarás un lugar para el Poeta

 

 

En las filas bienaventuradas de las Santas Legiones,

 

 

Y que lo invitarás para la eterna fiesta

 

 

De los Tronos, de las Virtudes, de las Dominaciones.

 

 

 

 

 

Yo sé que el dolor es la nobleza única
Donde no morderán jamás la tierra y los infiernos,
Y que es menester para trenzar mi corona mística
Imponer todos los tiempos y todos los universos.

 

 

 

 

 

Pero las joyas perdidas de la antigua Palmira,
Los metales desconocidos, las perlas del mar,
Por vuestra mano engastados, no serían suficientes
Para esa hermosa Diadema resplandeciente y diáfana;

 

 

 

 

 

Porque no será hecho más que de pura luz,
Tomada en el hogar santo de los rayos primitivos,
Y del que los ojos mortales, en su esplendor entero,
No son sino espejos oscurecidos y dolientes!"

 

 

 

 

 

1857.

 

 

 

 

 


II

 

 

 

 

 

EL ALBATROS

 

 

 

 

 

Frecuentemente, para divertirse, los tripulantes
Capturan albatros, enormes pájaros de los mares,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío deslizándose sobre los abismos amargos.

 

 

 

 

 

Apenas los han depositado sobre la cubierta,
Esos reyes del azur, torpes y temidos,
Dejan lastimosamente sus grandes alas blancas
Como remos arrastrar a sus costados.

 

 

 

 

 

Ese viajero alado, ¡cuan torpe y flojo es!

 

 

Él, no ha mucho tan bello, ¡qué cómico y feo!

 

 

¡Uno tortura su pico con una pipa,

 

 

El otro remeda, cojeando, del inválido el vuelo!

 

 

 

 

 

El Poeta se asemeja al príncipe de las nubes
Que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
Exiliado sobre el suelo en medio de la grita,
Sus alas de gigante le impiden marchar.

 

 

 

 

 

1859.

 

 


III

 

 

ELEVACIÓN

 

 

 

 

 

Por encima de los lagos, por encima de los valles,

 

 

De las montañas, de los bosques, de las nubes, de los mares,

 

 

Allende el sol, allende lo etéreo,

 

 

Allende los confines de las esferas estrelladas,

 

 

 

 

 

Mi espíritu, tú me mueves con agilidad,
Y, como un buen nadador que desfallece en la onda,
Tú surcas alegremente la inmensidad profunda
Con una indecible y máscula voluptuosidad.

 

 

 

 

 

¡Vuela muy lejos de esas miasmas mórbidas,

 

 

Ve a purificarte en el aire superior,

 

 

Y bebe, como un puro y divino licor,

 

 

La luminosidad que colma los espacios límpidos!

 

 

 

 

 

Detrás del tedio y los grandes pesares
Que abruman con su peso la existencia brumosa,
Dichoso aquel que puede con ala vigorosa
Arrojarse hacia los campos luminosos y serenos;

 

 

 

 

 

¡Aquel cuyos pensamientos, cual alondras,
Hacia los cielos matutinos tienden un libre vuelo!
¡Que se cierna sobre la vida, y alcance sin esfuerzo
El lenguaje de las flores y de las cosas mudas!

 

 

 

 

 

1857.

 

 


IV

 

 

CORRESPONDENCIAS

 

 

 

 

 

La Natura es un templo donde vividos pilares
Dejan, a veces, brotar confusas palabras;
El hombre pasa a través de bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.

 

 

 

 

 

Como prolongados ecos que de lejos se confunden

 

 

En una tenebrosa y profunda unidad,

 

 

Vasta como la noche y como la claridad,

 

 

Los perfumes, los colores y los sonidos se responden.

 

 

 

 

 

Hay perfumes frescos como carnes de niños,
Suaves cual los oboes, verdes como las praderas,
Y otros, corrompidos, ricos y triunfantes,

 

 

 

 

 

Que tienen la expansión de cosas infinitas,

 

 

Como el ámbar, el almizcle, el benjuí y el incienso,

 

 

Que cantan los transportes del espíritu y de los sentidos.

 

 

 

 

 

1857.

 

 


V

 

 

 

 

 

(YO AMO EL RECUERDO...)

 

 

 

 

 

Yo amo el recuerdo de esas épocas desnudas,
En que Febo se complacía en dorar las estatuas,
Cuando el hombre y la mujer en su agilidad
Gozaban sin mentira y sin ansiedad,
Y, el cielo amoroso acariciándoles el lomo,
Desplegaban la salud de su noble máquina.
Cibeles, entonces, fértil en frutos generosos,
No estimaba sus redes un peso muy oneroso,
Pero, loba de corazón henchido de ternuras vulgares,
Amamantaba al universo con sus pezones morenos.
El hombre, elegante, robusto y fuerte, tenía el derecho
De mostrarse orgulloso de las beldades que le llamaban su rey;

 

 

¡Frutos puros de todo ultraje y vírgenes de grietas,
Cuya carne lisa y firme atraía las mordeduras!

 

 

 

 

 

El Poeta actualmente, cuando quiere concebir

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